javierlopezalonso

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Évora milenaria.

     El camino que sale desde Évora hacia Lisboa, siguiendo la ruta que dibuja sobre el mapa la carretera N-114, nos sumerge de lleno en el paisaje Alentejano y en su historia milenaria, que se remonta a miles de años. Podemos considerar a esta ciudad portuguesa como la capital de la cultura megalítica ibérica, tanto por el número de monumentos prehistóricos presentes en su zona de influencia como por su importancia. Pero no solo Évora, todo el Alentejo y su correspondencia extremeña, especialmente el área de Valencia de Alcántara, reúnen una enorme cantidad de lugares arqueológicos megalíticos de entre 5.000 y 7.000 años de antigüedad. Esta zona junto con Galicia forma lo que ha venido a denominarse el Circuito Megalítico Ibérico.

     Pero la importancia de Évora sobre el resto de emplazamientos es evidente ya que sólo en los alrededores se han contabilizado más de 150 monumentos prehistóricos, relacionados unos con otros, convirtiéndose en el paisaje megalítico más diversificado y monumental de los que existen en la actualidad. Además la ciudad alentejana cuenta también con un interesante patrimonio histórico como su impresionante muralla o su preciosa catedral, así como ruinas romanas o edificios e iglesias de prácticamente todas las épocas. No obstante, Évora es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1986. Por ello, hoy nuestros pasos van a recorrer los alrededores de Évora en busca de piedras milenarias, atravesando un escenario típicamente alentejano, colinas y bosques de corteza rojiza con el alcornoque como principal protagonista.

El Cromlech de los Almendres.

     Para darse cuenta de la importancia de esta zona sobre el resto de la Península basta con alejarse de la ciudad unos 10 kilómetros, en dirección Lisboa. Una vez llegamos a la localidad de Nuestra Señora de Guadalupe seguiremos una senda de tierra que nos lleva entre arboles, rocas y matorrales hasta el espectacular Cromlech de Los Almendres. Un conjunto de 98 megalitos que dibujan una especie de ovalo con orientación Este-Oeste. Las piedras, de entre 1 y 2 metros de altura, dan forman a un conjunto de unos 80 metros de largo por unos 40 metros de ancho, dando idea de la magnitud del complejo. Dicho recinto es posiblemente uno de los monumentos más antiguos de la Humanidad, 7.000 mil años, y su construcción coincidió con el surgimiento, en la Europa occidental, de las primeras comunidades de pastores y agricultores.

     Muy cerca del Cromlech encontramos el Menhir de los Almendres, que con 3,5 metros de altura tiene un aspecto impresionante y junto con el complejo anterior forman una estructura única. Tanto el Menhir como muchas de las piedras que forman el Cromlech presentan hendiduras sinuosas en forma de decoración y algunos tienen representaciones antropomórficas, propio de las sociedades que los levantaron. En la parte superior de la piedra podemos ver un báculo, tema frecuente entre los menhires alentejanos. Dicho grabado puede ser un símbolo representativo de la economía neolítica, ya que el pastoreo desempeño una función muy importante en esta época y nos ofrecen una visión mayor sobre lo que pudo ser una ideología neolítica, basada en el dominio de la naturaleza y la domesticación y control sobre animales y plantas. Además existe una relación evidente entre ambos lugares, pues parece ser que el Menhir se encuentra alineado conforme al Cromlech justo en la dirección del solsticio de verano.

     Sin dejar la zona podemos alcanzar fácilmente el Anta Grande de Zambujeiro, muy cerca de la localidad de Valverde. Considerado uno de los dólmenes más grandes del mundo fue construido entre los Siglos IV y III a.C. y es uno de los mejores ejemplos del megalitismo evorense. Considerado como una autentica catedral neolítica, recientes excavaciones han encontrado diversos elementos de cobre, ídolos, collares y un gran número de artefactos de cerámica. Y desde aquí nos acercaremos hasta el Anta de Sao Brissos, perteneciente a la misma época que el anterior. Su principal atractivo es que hoy día el dolmen esta integrado en una pequeña capilla, resultando a las claras como muchas de estas estructuras prehistóricas fueron reutilizadas con la llegada del cristianismo a la zona, manteniendo de esta forma el uso de los espacios sagrados. E incluso desde este punto podemos llegar hasta un nuevo dolmen, el de Antas de Pinheiro do Campo y a otros muchos que se encuentran diseminados por toda la geografía de la región: Anta de Berrocal, Anta del Pazo das Vinhas, el Anta de Candeeira o el Cromlech de Portela, compuesto de más de 40 menhires, por destacar algunos entre los 150 monumentos megalíticos de la región. Pero la zona no solo es importante por la presencia de innumerables monumentos megalíticos sino también por el descubrimiento de numerosos asentamientos prehistóricos, lo que evidencia aún más la importancia que tuvo toda esta área en tiempos antiguos. Es el caso del Alto de S. Bento, posiblemente el origen de la actual ciudad de Évora.

La Cultura Megalítica.

     ¿Pero, porqué esta zona en concreto y no otra? ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a los antiguos pobladores ha permanecer en esta región? Y crear no solo asentamientos permanentes sino también a desarrollar toda una cultura como la megalítica. La primera razón de todo esto la encontramos en la situación estratégica de este territorio, que podría extrapolarse a otras zonas vecinas. El Alentejo y las comarcas extremeñas, los lugares que cuentan con mayor numero de monumentos, son zonas de tránsito y tienen en común la presencia de importantes cuencas hidrográficas en sus alrededores. De hecho cerca de Évora encontramos el único punto en el cual las cuencas de los tres ríos más importantes del sur, el Tajo, el Sado y el Guadiana, se tocan.

     Para entender el fenómeno megalítico debemos también comprender el contexto en el que se desarrollo y los profundos cambios, económicos y sociales, ocurridos en el occidente europeo, pasando de comunidades depredadoras a sociedades basadas en la agricultura y la ganadería. Este hecho pudo provocar la aparición de tribus separadas. Hay que entender que en la época en la que se levantaron estos monumentos las diferentes sociedades existentes empezaron a desarrollar fuertes lazos económicos, sociales y culturales entre ellas, por lo que quizás estos lugares servían como nexo de unión entre comunidades lejanas, no solo para realizar intercambios de todo tipo sino también para desarrollar un sentimiento comunitario.

     A pesar de todas las dudas respecto a las funciones que pudieron cumplir los monumentos megalíticos en la antigüedad lo que si queda claro es que nos encontramos ante un medio de expresión y construcción primitivo, lo que podríamos denominar un arte antiguo, y en el caso concreto de los menhires estaríamos ante el primer intento de representar de forma tridimensional la figura humana. La espectacularidad de algunas construcciones o su gran tamaño unido al misterio que rodea a estas edificaciones ha generado alrededor una importante cantidad de leyendas populares que han llegado hasta nuestros días y que en muchos casos dificultan el conocimiento real sobre los megalitos.

 

 

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